La fobia social, como se conoce popularmente al trastorno de ansiedad social, consiste en un miedo excesivo, continuo e irracional, a ser juzgado por las personas con las que se interactúa, ya sea de forma individual o colectiva. Esto provoca una actitud cerrada y ansiosa en quien lo padece, que no conviene confundir con otros tipos de ansiedad o estrés. Es más que una timidez, suspicacia o temor. No se atreve a estar con otras personas por medio a vocalizar mal o excederse en sus gestos mientras habla, y teme que va a ser deshonrado ante los demás. Piensa que cada persona le observa. Los psicólogos Isabel Serrano Rosa y Jesús María Prada explican que este tipo de ansiedad afecta a un 2%-4% de la población, y suele darse con mayor frecuencia en mujeres que en hombres. Puede llegar a ser un problema bastante serio debido a la tendencia a escapar de situaciones sociales. Esto puede llevar al aislamiento y a problemas secundarios como la depresión, abuso de alcohol o el trastorno obsesivo-compulsivo. La ansiedad se expresará a nivel fisiológico, cognitivo y comportamental, según los expertos. Esto se traduce en elevación del ritmo cardíaco, molestias estomacales, mareos, temblores, sudor, evasión mental o la toma de medidas para pasar desapercibido, como el uso de ropa ancha, esconder las manos y rehuir el contacto visual.