La técnica original es la regla 1-3-5 pero haremos unas pequeñas modificaciones y nos quedaremos con nuestra versión propia a la que llamaremos 3-2-1. La técnica 3-2-1 Consiste en marcarnos como propósito diario la realización de un total de 6 tareas que dividiremos en función de su nivel de complejidad y esfuerzo que nos supone. Estas tareas tendrán que ser medibles, es decir, que podamos comprobar que las hemos realizado correctamente. En esta técnica debemos mezclar tareas de diferentes ámbitos, no sólo centradas en nuestro ámbito académico o laboral, sino teniendo en cuenta también nuestra vida personal ya que a día de hoy es muy complicado separar totalmente unos ámbitos de otros. El 3 se refiere a marcar 3 tareas para realizar a lo largo del día que sean sencillas para nosotros o requieran de poco tiempo pero que necesitemos hacerlas, ejemplos de estas tareas pueden ser: llamar por teléfono a mi abuela, mandar un correo a mi jefe, bajar a caminar 20 minutos. El 2 nos referimos a dos tareas a realizar a lo largo del día que ya tengan una mayor complejidad o vayan a requerir de un tiempo mayor: leer varios capítulos de un libro, realizar los ejercicios de autoevaluación de matemáticas, ir una hora al gimnasio o revisar el dossier que le tengo que presentar a mi jefe. El 1 sería aquella tarea imprescindible y que debemos realizar sí o sí en el día, lo más habitual es que sea una tarea que requiera de bastante tiempo aunque lo que va a hacer que la ubiquemos aquí realmente es que la tengamos que hacer sí o sí en el día. A primera hora del día dedicaremos diez minutos a organizarnos, a plasmar esas seis tareas que debemos hacer en el día por escrito, a organizarlas en función de su complejidad como 3, 2 o 1. Una vez que esto ya lo tengamos listo trataremos de comenzar por la imprescindible para después ir pasando a las siguientes según terminemos la primera. Cada vez terminada una reforzaremos nuestro esfuerzo marcando un tic conforme la hemos realizado.