El tratamiento de una adicción se sustenta habitualmente en dos pilares fundamentales: por un lado el tratamiento farmacológico, que no siempre es indispensable, y por otro lado el tratamiento psicológico.
El tratamiento farmacológico permite, durante la fase primera de desintoxicación, pasar de consumir a no consumir de una forma confortable, sin que aparezca sintomatología de abstinencia, y con el objetivo de ayudar a eliminar la sustancia del organismo de la persona.
Durante las fases posteriores del tratamiento los fármacos permiten paliar el deseo de consumir la sustancia, previniendo así las recaídas y estabilizando el estado de ánimo, y compensar otras patologías psiquiátricas si las hubiera.
El tratamiento psicológico permite a la persona descubrir comprender cuál ha sido la función de su consumo de sustancias, el para qué consumía, y después la prepara para la vida sin consumo entrenándola en nuevas capacidades.
El tratamiento de una adicción se divide en 4 fases: Desintoxiación, Deshabituación, Rehabilitación y Reinserción.