No admito estancamientos porque a mí lo que me gusta es conocer y eso nunca tiene fin.
La rutina es capaz de acabar con las ganas de vivir.
No se trata tampoco de echar por la borda todo lo construido.
Pero hay que darle oportunidad a las sorpresas , descubrir ese mundo nuevo que es posible encontrar en la cuadra de todos los días.
Variar el camino para ir al trabajo es un buen comienzo.
Lo demás vendrá por añadidura.
Si empiezas a sorprenderte otra vez con las pequeñas cosas, te darás cuenta de que no necesitas excusas para sonreír de nuevo.
El solo hecho de estar dispuesto al cambio y acabar con la espantosa rutina, traerá nuevas oportunidades y te ayudará a crecer.
Más allá de tener metas claras, es indispensable reconocer que el crecimiento personal implica moverse de un lado al otro.
Estar, además, dispuesto al cambio y entender que las experiencias nuevas enriquecen.
Poco a poco encontraremos ese equilibrio que nos permitirá asumir los retos sin importar lo complejos que estos sean.
De esta manera podremos sobrellevar las angustias que traen tiempos difíciles.
Al no depender de nuestra zona de confort, tenemos la capacidad de levantarnos de las caídas.
De paso, abandonamos esa quietud que, así no la sintamos, nos anula y empequeñece.
Recuperar la capacidad de asombro es clave, así como volver a soñar.
Sería un gran acierto que buscáramos y trajéramos a nuestro presente ese niño que todos llevamos dentro.
Es hora de dejarlo salir.
La fantasía no tiene por qué reñir con la realidad.
La gente que no abandona sus sueños es capaz de hacer cosas inimaginables.
Todo comienza por abrir las puertas a la imaginación y creer que todo es posible.
El juego, en medio de la rigidez de una vida monótona, es una herramienta para recuperar la ilusión, la creatividad y la risa.