La empatía en la familia se refiere a la capacidad de entender y compartir los sentimientos de los demás miembros de la familia.
Escuchamos constantemente que la empatía es el ponerse en los zapatos de la otra persona.
La persona con baja empatía tiene dificultad para escuchar cuidadosamente: se distrae, no pone atención, no se concentra o enfoca, no escuchan o guarda silencio.
Por lo tanto, le cuesta trabajo conectarse con el otro.
No es capaz de leer los sentimientos de los demás: tiene ojos, pero no ve, oídos y no escucha; no entiende lo que el otro siente o vive, no se da cuenta.
Los demás se sienten incomprendidos por esa persona: sino me escuchas y no comprendes mis sentimientos, me siento alejada de ti.
En las familias con baja empatía hay enojo, distanciamiento y alejamiento, no interactúan.
Existe un conflicto cotidiano por temas de percepción: no me escuchas, no me entiendes, peleas por tonterías.
Considero que solo se ve la vida desde mi punto de vista.
Al no tener empatía, se empieza con una solución dolorosa de conflictos.
Se resuelven con rudeza, con violencia, no se valora a la otra persona.
Pasamos los años y no nos sentimos comprendidos ni valorados.
Los lazos emocionales son frágiles en estas familias.
Lo normal es sentirse amados y valorados; al no haber empatía esto no se da.
Candil de la calle y oscuridad de la casa.