Habláis de los mismos problemas una y otra vez pero no avanzáis.
Los conflictos os hacen sentir rechazados por vuestra pareja.
Cuando discutís acabáis frustrados y heridos.
Las conversaciones sobre los problemas carecen de buen humor, respeto y afecto.
Con el tiempo vuestra postura es cada vez más inamovible, no estáis dispuestos a ceder.
Lo cual os lleva a insultaros el uno al otro durante las discusiones.
Estos insultos a su vez os hacen atrincheraros más en vuestras posiciones y extremar vuestro punto de vista, con lo que cada vez estáis menos dispuestos a llegar a un consenso.
Finalmente la relación se enfría y os distanciáis.
En muchas de las parejas inestables, la forma de enfrentarse a los problemas perpetuos acaba por matar la relación.
En lugar de tratarlos de forma efectiva, la pareja se queda estancada en ellos.
Sostienen las mismas conversaciones al respecto una y otra vez, moviéndose en círculos sin resolver nada.
Al ver que no avanzan se van sintiendo cada vez más heridos, frustrados y rechazados por el otro, mientras que el sentido del humor, el respeto y el afecto van desapareciendo.
Cada uno se enquista cada vez más en su posición, hasta que se sienten agobiados, desbordados, abrumados.
Entonces comienza el lento proceso de intentar aislar los problemas y evadir los conflictos.
Pero lo cierto es que han empezado a distanciarse el uno del otro.
Están a punto de hacer vidas paralelas y vivir una inevitable soledad.
Las discusiones sin fin simbolizan una profunda diferencia entre vosotros que puede requerir ser trabajada profesionalmente mediante la terapia de pareja para poner los problemas reales en su sitio.
El poner nombre a lo que le pasa a la pareja informándoles de su conflicto nuclear tiene un efecto terapéutico reparador en la relación.
Para que la pareja se estabilice, sus miembros deberéis aprender a ser capaces de afrontar tres categorías de problemas:
1.- Tus problemas personales.
2.- Los problemas personales de tu pareja.
3.- Los conflictos de relación que genera la propia interacción.
Cada problema tiene su propia entidad y complejidad, pero en la experiencia empírica son difícilmente disociables porque se viven como un todo unitario.
Si todo esto os resulta familiar, y las discusiones perpetuas sobre los mismos problemas os provocan sufrimiento y una tensión excesiva, os consolará saber que la terapia de pareja os puede ayudar a comprender el significado profundo que vuestras disputas tienen para cada uno de vosotros y aprender a enfrentaros a los conflictos y a las crisis de forma resolutiva.
Si tenéis problemas en vuestra relación de pareja y a pesar de que habéis intentado arreglarlos de distintas formas por vosotros mismos, no lo lográis.
Si además tenéis claro que deseáis seguir juntos, pero os sentís atascados, en un callejón sin salida.
Este es sin duda un buen momento para pedir la ayuda profesional que necesitáis.