Hay señal que pueden indicárnoslo, como el sentirnos desconectados emocional y físicamente del otro, el no tener deseo sexual hacia ellos, que haya una falta de confianza o que lo único que hagamos en pareja sea discutir una y otra vez, en lugar de disfrutar del tiempo que podemos pasar disfrutando de nuestra compañía.
Cuando se trata de un problema de convivencia, o de hábitos diarios de la otra persona que no nos gustan, como el no fregar justo después de comer o el dejar cosas por medio, hablamos de molestias personales.
Son cosas que no son tan serias, sino fallos que puede tener la otra persona y que, por lo general, a no ser que llegue a extremos, si queremos a la persona, podemos asumir o trabajar juntos para encontrar un equilibrio entre la forma de vivir de ambos.
Sin embargo, cuando hablamos de problemas más serios, como el mentir o el manipular, no está tan claro que podamos ser felices con la otra persona.
Quizás debemos hacernos varias preguntas: ¿puede realmente cambiar la otra persona?
Y, si es así, ¿podemos nosotros soportar ese proceso y ser felices mientras intenta hacerlo?
Por supuesto, todo tiene un límite.
Cuando los problemas son recurrentes y ocurren una y otra vez cada cierto tiempo, quizás es el momento de preguntarnos si realmente debemos seguir en esa relación.
O cuando seguimos dándole vueltas al mismo problema, o seguimos dolidos por cosas que quizás tendríamos que tener ya superadas.
Son indicadores de que, probablemente, tenemos que terminar una relación.
Si nos encontramos en esta situación, debemos tomarnos tiempo para nosotros mismos y reflexionar acerca de lo que queremos.
Lo más seguro es que, en el fondo, sepamos cuál es la decisión correcta, por mucho que cueste tomarla.
Solo hay dos opciones: o irnos o elegir seguir queriendo al otro, a pesar de sus errores o sus fallos.
Lo que debemos asumir sí o sí es que, si elegimos quedarnos a su lado no será fácil.
Arreglar las grietas de una relación no es tan sencillo, y requerirá de mucho esfuerzo y trabajo por parte de ambos.
Como en todo, por frío que suene, nuestra decisión debe basarse en una lista de pros y contras, con la que podremos sopesar si realmente estamos priorizando nuestro bienestar o si simplemente nos estamos quedando en un lugar que no nos hace bien porque nos da miedo salir y descubrir qué es lo que hay fuera.
En cualquier caso, solo debemos pensar en nuestra felicidad y en lo que, a la larga, vaya a resultar mejor para ambos.
Solo nosotros tenemos la respuesta.