La comunicación es la acción y el efecto de transmitir ideas, pensamientos o sentimientos de una persona a otra. Las familias con una comunicación abierta y frecuente tienen un mayor grado de satisfacción ya que: Son más capaces de resolver problemas y de tomar decisiones. Tienen menos estrés. Tienen más seguridad personal y autoestima. Extrapolan las relaciones respetuosas y de calidad, también a personas fuera de la familia, lo que les hace más eficaces a nivel social. Regulan mejor la impulsividad y las vivencias negativas, ya que son más hábiles en inteligencia emocional. La comunicación se puede definir en cuanto a 2 dimensiones: clara o enmascarada según la facilidad o dificultad para entender los mensajes entre los miembros de la familia. Por otro lado, directa o indirecta que define si con quien se habla es o no la persona a la que se destina el mensaje. Esto da lugar a 4 estilos de comunicación: Comunicación clara y directa: es el estilo más saludable de comunicación. El mensaje se expresa de manera clara y directa al familiar apropiado. Por ejemplo: “estoy molesto porque nos has recogido la mesa, tal y como acordamos”. Comunicación clara e indirecta: el mensaje está claro, pero no está dirigido al destinatario. Por ejemplo: “me molesta que no se cumplan las tareas asignadas”. Comunicación enmascarada y directa: El contenido no está claro, pero se dirige al miembro apropiado de la familia. Por ejemplo: “hijo, nadie se compromete con nada”. Comunicación enmascarada e indirecta: Cuando el mensaje y el destinatario no son claros. Es un estilo propio de relaciones poco saludables. Por ejemplo: “los jóvenes de hoy en día son unos vagos”. A su vez, existen 2 tipos de comunicación, la instrumental que es la información objetiva y la afectiva que es la transmisión de emociones. Las familias funcionales se comunican bien en ambos tipos. Elige el lugar y el momento adecuado para conversar. Practica la escucha activa, interésate, presta atención, ponte en el lugar del otro, transmite que entiendes lo que te están contando y devuelve un feedback amable. Haz críticas constructivas. Respeta que otros puedan sentir o ver las things de manera diferente. Atiende tanto la información verbal como la no verbal. Reconoce tus errores y elimina sentimientos improductivos de culpabilidad. Evita generar problemas por nimiedades. Ofrece alternativas y soluciones, sin mezclar con cosas del pasado. Cuida el tono, no sólo es importante lo que se dice sino también cómo se dice. Pregunta en lugar de mandar. Dedica tiempo a la conversación. Reflexiona para extraer luego conclusiones. Ser flexibles, hacer críticas constructivas, saber ponerse en el lugar del otro, cuidar el tono, intentar llegar a acuerdos… son actitudes que conforman una comunicación efectiva.