Para superar esta fase, es necesario realizar algunos ajustes en la dieta, el ejercicio y los hábitos diarios.
Optimiza tu alimentación
Prioriza las proteínas de calidad, como pollo, pescado, huevos, mariscos y legumbres.
Evita las calorías ocultas, como aceites en exceso, salsas comerciales y bebidas calóricas.
Cena temprano y de forma ligera para mejorar la sensibilidad a la insulina y facilitar la quema de grasa.
Introduce entrenamiento de fuerza en tu rutina
Los ejercicios de resistencia, como pesas o entrenamientos con tu propio peso, ayudan a mantener la masa muscular y acelerar el metabolismo.
Mejora el descanso y reduce el estrés
Un buen descanso es clave para mantener un metabolismo eficiente.
Dormir entre 7 y 9 horas por noche permite que el cuerpo regule mejor las hormonas del hambre y el estrés.
Practicar técnicas de relajación como la meditación o la respiración profunda puede ayudar a reducir los niveles de cortisol.
Implementa recargas estratégicas en la dieta
Aumentar ligeramente la ingesta de calorías o carbohidratos en ciertos momentos puede «engañar» al metabolismo y reactivar la quema de grasa.
Estas recargas deben planificarse de manera estratégica para evitar excesos y obtener mejores resultados.