Para meditar, es ideal buscar un lugar tranquilo y sin distracciones. Siéntate o recuéstate en una posición cómoda y relajada. Cierra los ojos o mantén una mirada suave y baja. Luego, enfócate en tu respiración, inhalando y exhalando de manera profunda y pausada. Es normal que la mente comience a pensar en otras cosas, cuando esto te ocurra, simplemente vuelve tu atención, poco a poco, hacia tu respiración. Establece una rutina, dedica un tiempo específico cada día para meditar, la consistencia es clave para obtener resultados significativos. Comienza con sesiones pequeñas, meditar durante 2 o 3 minutos está bien, a medida que avances con tu práctica puedes ir aumentando gradualmente la duración. Busca un lugar donde te sientas cómodo y libre de interrupciones, esto te permitirá concentrarte mejor y aprovechar al máximo tu tiempo de meditación. No fuerces a tu mente, es normal que durante tu meditación tengas pensamientos que te distraigan, ¡no te frustres!, reconócelos y en cuanto estés listo redirige tu atención hacia tu objeto de enfoque o respiración.