La parte inconsciente de tu cerebro no distingue lo que es real de lo que no, de manera que cuando usamos Realidad Virtual para una parte de nuestro cerebro es una experiencia 100% real.
Todo esto, corriendo desde una PC de gama alta o un dispositivo móvil.
Pero ¿qué pasa en nuestros cerebros cuando tenemos puesto el visor?, ¿cómo perdemos la noción de la simulación?, ¿cómo se vuelve una experiencia inmersiva?
Los gráficos de la realidad virtual son planos.
Son imágenes 2D creadas por los dispositivos, tal como vemos en cualquier pantalla hoy en día.
Pero gracias a un par de trucos, estas planas representaciones se convierten en ambientes 3D.
El primero se da a través de los lentes.
Si ves cualquier visor de realidad virtual por dentro, éste contiene un par de lentes.
Esos lentes no son planos, sino curvos, y es justo esta curvatura la que convierte la imagen plana en una imagen curva, como la que reciben nuestros ojos.
Ok, entonces ya vemos con la misma “distorsión” que nuestros ojos tienen naturalmente.
Ahora, ¿cómo se genera la profundidad de esas imágenes?
El segundo truco consiste en que cada imagen es recibida desde un ángulo ligeramente diferente, de la misma forma que cada uno de nuestros ojos capta la realidad y luego nuestro cerebro la ajusta para crear la imagen 3D.
Simplemente mira un punto fijo frente a ti.
Luego, abre y cierra cada ojo para que notes la ligera diferencia entre cada uno.
Los gráficos de realidad virtual justamente calculan esa disparidad entre cada uno de nuestros ojos y mandan una señal independiente a cada lente.
Nuestro cerebro recibe ambas imágenes diferentes y las junta.
Esto crea la ilusión de profundidad.
Bueno, ya tenemos imágenes nítidas y tridimensionales.
Pero no tenemos que dibujar los 360 grados de imagen frente a nosotros, ya que sólo vemos lo que hay frente.
Y aún lo que está frente a nosotros, no tiene 180 grados de rango de visión.
La mayoría de los visores trabajan con una apertura de entre 100 y 110 grados: esto es suficiente para que se cubra la capacidad de nuestra vista.
El último detalle es la velocidad con la que se dibuja la experiencia.
Cuando se trabaja a menos de 50 cuadros por segundo, el cerebro “nota” ese retraso.
Esto provoca malestares hasta para los usuarios que no son tan sensibles.
El usar entre 60 y 90 cuadros por segundo es la velocidad recomendada para que la experiencia no provoque efectos colaterales en los espectadores.
En Inmersys; la mejor agencia de realidad Virtual en México somos expertos en crear estos ambientes para cualquier proyecto que tengas en mente, creando experiencias tan inmersivas que tus usuarios jurarán estar ahí.