No forzarnos a pensar. No frustrar nuestras emociones. No hay emociones buenas ni emociones malas, todas son lícitas y humanas. Cuando juzgamos nuestras emociones, reforzamos el bloqueo emocional. Debemos evitar reprimirlas. Su represión hace que nuestra mente detenga esta fuerza natural, una energía que ha de poder ser canalizada en forma de sentimientos y emociones libres. Trabajar la paciencia con nosotros mismos cuando observemos estos bloqueos. De igual forma que una fractura o herida no se cura al ritmo que nosotros deseamos, las lesiones emocionales requieren de una recuperación con unos tiempos. Meter prisa para desbloquearnos, aumenta la probabilidad de continuar con el bloqueo. Pedir ayuda profesional. El psicólogo, a través de la psicoterapia, ayudará: a identificar el bloqueo, observar sus causas y consecuencias; tomar consciencia de estas causas y aprender a verbalizarlas; tener un compromiso de trabajo y un objetivo para resolver estos bloqueos; y aprendizaje en la gestión de las emociones.