La resiliencia social se da cuando el sistema encara sucesos y conflictos colectivos, para reorganizarse posteriormente, manteniendo sus relaciones económicas, costumbres, metas y servicios. Los grupos humanos responden en conjunto cuando advierten situaciones de riesgo, como terremotos, inundaciones, agresiones y delincuencia, y cuando lo hacen juntos como comunidad, son capaces de sobreponerse más rápido y crecer con mayor fortaleza. La resiliencia social aporta nuevas perspectivas para empatizar con grupos vulnerables y los complejos contextos de la sociedad contemporánea, en la búsqueda de respuestas a problemáticas dinámicas, correlacionadas y de orden político. La resiliencia, de acuerdo al centro de investigación Rand Corporation, es la capacidad de cualquier sistema dinámico para anticipar y adaptarse con éxito a las dificultades. La relevancia de este concepto reside en su construcción, desde el nivel individual hasta su nivel colectivo, como una herramienta de apoyo emocional más solvente para afrontar el futuro con confianza. Este concepto, según la situación, puede tener tres concepciones diferentes, la primera, es la resiliencia como estabilidad, que permite asimilar lo inesperado; la resiliencia como recuperación, para sobrellevar un escenario adverso; y la resiliencia como transformación, que viene cuando se ha aprendido y superado algún evento doloroso o complicado.