La dificultad de estar solo o el miedo a la soledad, se origina, al menos, en dos esquemas negativos.
La mejor manera de superar el temor a la soledad, es comenzar a estar solo.
Ya sea por aproximaciones sucesivas o de una vez por todas, no hay otra forma: el miedo se vence enfrentándolo.
Hay que arriesgarse, soltar las muletillas y empezar a caminar sin ayudas.
La soledad bien administrada, aunque duela, es una oportunidad para encontrarse a sí mismo, conocerse y fortalecer el potencial que tenemos rezagado.
Si intentas meterte en ella, descubrirás, tal como decía Maeterlinck, que el silencio es el sol que madura los frutos del alma.
Atrévete y sorpréndete.
Dejando a un lado el retraimiento extremo de aquellos sujetos que entran en reclusión esquizoide y niegan cualquier contacto humano significativo, a la soledad hay que saberla sobrellevar.
Es conveniente estar con ella de vez en cuando.
Nunca he visto que la soledad se promueva en la educación por valores.