Ya no se pase demasiado tiempo con la familia, es muy posible que el principal problema de comunicación con la familia tenga que ver con el aislamiento, es decir, el hecho de no interactuar prácticamente nunca con esas personas, o hacerlo muy poco y a través de medios digitales. Por eso es importante tomar las riendas de la situación y cuidar el modo en el que nos comunicamos con padres, madres, abuelos, tíos, hermanos. Crear un punto y aparte e impulsar un cambio a mejor puede hacer que tanto la convivencia como la expresión de afecto se beneficien de ello casi al instante. Un pequeño detalle de carácter simbólico puede hacer que el hermano, tío o abuelo con el que queremos mejorar la comunicación se dé cuenta de que algo ha cambiado y deje de dar por supuesto que la interacción con nosotros se va a regir por las mismas normas de siempre. Por ejemplo, dar una palmada en la espalda o ofrecer algo para beber, dependiendo de cómo haya sido la relación anteriormente, puede ser algo novedoso, por muy insignificante que parezca. Ante estos actos, es más fácil empezar desde cero y facilitar la posibilidad de que se establezca una comunicación más fluida y honesta.