Ser honesto es un buen camino para conseguir que la gente confíe en ti. Mantener el contacto visual: en muchas ocasiones infravaloramos la importancia del lenguaje no verbal. Mirar a los ojos es sinónimo de no tener nada que ocultar, mientras que no hacerlo es el mayor símbolo de desconfianza. Sé vulnerable (a veces): al igual que el refrán “hombre sin vicios no es de fiar”, este consejo se centra en mostrar rasgos de humanidad. Flexibilidad y paciencia: presionando a la gente se sigue un camino contrario al de la confianza. Cuando se valora más un esfuerzo que un resultado, el resto valorará más tu comportamiento, ganarás su confianza y tendrás más posibilidades de poder conseguir lo que quieres.
Mantener la palabra Cuando se hace una promesa es para cumplirla, sino no la hagas. No valen las excusas, la gente ha de saber que cuando se dice algo, va a cumplirse. Decir la verdad A todos nos gusta demostrar al exterior que somos sinceros, pero también hemos de serlo interiormente. Cuando las cosas van bien es muy sencillo, pero cuando algo se tuerce también hemos de asumir la realidad y contarla, aunque pueda resultar difícil o embarazoso.
Ser transparente La mejor forma de parecer claro y transparente es… serlo. La manipulación a corto plazo puede ser beneficiosa, pero con el paso del tiempo acaba por pasar factura. En cambio, la autenticidad (con sus cosas buenas y malas) genera mucha más confianza porque no dará lugar a dobles lecturas o interpretaciones. Dar sin condiciones El chantaje o los condicionantes pueden servir para lograr determinados propósitos, pero ganarse la confianza de alguien nunca será uno de ellos. En cambio, compartir ideas, sentimientos o conocimientos permitirá que el resto de personas te valoren y te tengan muy en cuenta. Cuando tú das será más sencillo recibir, pero nunca teniendo en mente que así se obtendrá algo a cambio.