Uno de los mayores retos en las relaciones de pareja es encontrar el equilibrio entre el “nosotros” y el “yo”.
Desde el enfoque de la psicología realista, una relación saludable no se basa en la fusión ni en la sumisión, sino en la autonomía de cada miembro.
Este equilibrio es clave para reducir dinámicas de dependencia o control que, con el tiempo, pueden debilitar a las personas, y desgastar la relación.
La autonomía no significa ser completamente independiente o distante, ni implica que la relación sea secundaria en nuestras vidas.
En una relación saludable, la autonomía se trata de mantener una identidad propia mientras compartes tu vida con otra persona.
La autonomía nos permite estar en pareja desde la elección, no desde la necesidad o la obligación.
Una relación basada en la autonomía individual es una relación donde ambos pueden ser ellos mismos y, al mismo tiempo, construir un “nosotros” enriquecedor.
La autonomía permite que ambos miembros elijan estar en la relación desde la libertad, no desde la obligación o el miedo a estar solos.
En esencia, la autonomía nos permite estar en pareja desde la elección, no desde la necesidad o la obligación.
Desde el enfoque de la psicología realista, el primer paso para promover la autonomía es reconocer que cada miembro de la pareja es un ser independiente, con unas necesidades de desarrollo y de funcionamiento individual ineludibles, ya que conectan directamente con su autoestima y su salud mental.
Preservar esta individualidad no significa distanciarse, sino enriquecer la relación al aportar una identidad plena y auténtica.
La autonomía no significa alejarse, sino acercarse desde un lugar más pleno y auténtico.