El bebé no puede sobrevivir sin el cuidador, de manera que tratará de mantenerse cerca de él soportando la agresión.
Para ello, desarrolla una estrategia que implica desconectarse de sentir miedo, porque no puede hacer frente al peligro dado que es más fuerte que él.
Así, el niño ante las agresiones empezará a activarse, es decir, gritar por ejemplo; pero puede ser que esto tenga la consecuencia de que la agredan más.
Si ese es el caso, entonces entrará en parálisis, porque no puede remediar el peligro, de manera que se disociará.
La disociación es una pérdida de contacto con la realidad, que tiene graves consecuencias para el desarrollo psicológico posterior del niño.
El beneficio que tiene en ese momento para su supervivencia es que le permite no sentir dolor, para poder tolerarlo, ya que no puede parar la agresión.
En este sentido, según se desarrolla el niño tratará de mantenerse cerca del cuidador, poniéndose por encima de él para ganar control: o bien tratará de cuidarle o bien le agredirá.
Porque por un lado le temen, pero por otro quieren ganarse su amor, de manera que intentarán controlarle con el cuidado o la agresión.