Una investigación de la Escuela de Psicología-Psiquiatría de Estados Unidos ha descubierto que la inestabilidad en la crianza es uno de los factores más destacados. La inestabilidad dificulta que los niños puedan desarrollar un sentido claro de lo que se espera de ellos, por lo que es más probable encontrarse con conductas erróneas cuando crezcan. Esta falta de estabilidad puede derivar en faltas de respeto y comunicación con los padres. Además, esta falta de coherencia en las normas puede influir en la forma en la que los niños perciben la autoridad o las relaciones, por lo que puede afectar en la etapa adulta y la dinámica familiar.
Cuando los padres minimizan o ignoran las emociones de sus hijos con frases como “no exageres” o “no es para tanto”, se genera una sensación de desamparo. Estas respuestas pueden hacer que los niños internalicen la idea de que sus sentimientos no son importantes, lo que puede afectar a su autoestima y su capacidad para expresar emociones de una manera saludable. Los niños que durante la infancia sintieron que sus logros eran ignorados o comparados con los de los demás pueden presentar también falta de autoestima, lo que puede convertirse en un sentimiento constante de autoinsuficiencia, por lo que el distanciamiento y las faltas de respeto podrían aparecer en la etapa adulta.
Las críticas continuos pueden ser tan dañinos como el maltrato físico, minan la moral y fomentan el resentimiento y el rencor hacia los progenitores. Un estudio realizado por Blaise Pierrehumbert confirma que la ausencia en los momentos importantes de la infancia del menor puede perjudicar la relación del futuro. La falta de tiempo de calidad perjudica la construcción de una buena base que se mantenga por la confianza, el afecto y la comprensión mutua. La sobreprotección puede afectar al niño en la manera que no es capaz de valerse por sí mismo, lo que incrementa la dependencia emocional. Este comportamiento puede desembocar en frustración, echando la culpa a los padres en forma de faltas de respeto.
La falta de conexión emocional puede provocar heridas, que si no son curadas a tiempo, desembocan en distancia, frialdad y desprecio.