No hemos venido a este mundo para soportar agresiones, y menos aún cuando no hemos hecho nada para merecerlas. Si te faltan al respeto, pon límites y protégete de las agresiones. No merecemos que nadie nos falte al respeto gratuitamente y sin ningún fundamento. Tú puedes hacer mucho por recuperar tus límites y mostrarlos auténticamente cuando sientas que están siendo violados. Si alguien nos está faltando al respeto con frecuencia hemos de plantearnos si lo estamos “aceptando” para poder “sobrevivir” o porque no somos capaces de poner nuestros límites y no nos valoramos ni queremos lo suficiente.
Si no ponemos límites estamos permitiendo al otro que nos dañe. Hay muchas maneras en las que dejamos que los otros se sobrepasen y en las que les mandamos señales para “invitarles” a hacerlo. Nos encontramos dando poder a determinadas personas para herirnos, y hacernos sentir mal. Quizá sea bueno que te plantees hasta qué punto le estás dando ese poder TÚ mismo. Ese poder que otro de partida no tiene.
Dejar claro qué vamos a tolerar y qué no vamos a tolerar en una relación es fundamental. Con nuestros amigos, con los conocidos, con los compañeros de trabajo, con la familia… Hagamos un esfuerzo por ser conscientes de nuestras señales de nuestro cuerpo cuando alguien está sobrepasando la frontera. Cuando el respeto hacia nosotros está siendo violado, nuestro cuerpo es sabio y siempre nos avisará de ello.