Para fortalecer la cooperación, hay que conocerse, y para conocerse, hay que verse, las cámaras encendidas al inicio de una reunión o de una formación a distancia permiten crear una conexión. La cooperación será más fácil si la gente comparte los mismos problemas, como en nuestra carrera contra el COVID-19 con el uso de medidas de protección.
Mantener conversaciones, continuar el diálogo con los equipos y a distancia, aprender a utilizar herramientas de colaboración y compartir prácticas comunes: la cooperación también implica actos formales, como una reunión de fin de semana a distancia, o contactos informales.
Trabajar con otros es también estar disponible, sin estar constantemente ocupado con mensajes - en el momento del desconfinamiento, es necesario simplificar los procesos habituales, para permitir una rápida cooperación entre los diferentes trabajos - esta agilidad organizativa es una garantía de eficacia.
La cooperación requiere generosidad: dedicar tiempo, dar consejos o animar son ejemplos que servirán para ayudar a la cooperación.
Tener puntos de referencia para funcionar bien juntos; dar permisos y límites es necesario para estructurar la cooperación y encaminarla por el buen camino.
Abrir las reuniones a otras personas de su equipo o de su organización le permitirá airear sus ideas y descubrir lo que otros pueden proponer, como por ejemplo que el departamento de informática aporte una nueva funcionalidad a un sistema de información en una breve presentación de la reunión de equipo.
Evaluar lo que ha funcionado bien y lo que queda por hacer son momentos clave para reforzar la cooperación y mantenerla sólida.
La cooperación también se desarrolla a través de experiencias dolorosas y pone a prueba nuestra capacidad de recuperación.