Cooperar significa ayudar a otros de forma voluntaria y desinteresada. En el ámbito familiar, supone que todos los miembros participen en los quehaceres cotidianos, y es algo esencial para que la dinámica diaria funcione con equilibrio. Porque sí, es injusto que toda la carga del hogar recaiga en una o dos personas. Así que, ¿por qué no acostumbramos a nuestros hijos a que, desde edades tempranas, asuman pequeñas responsabilidades adaptadas a su edad y grado de madurez?
Compartir las responsabilidades del hogar con los hijos es una práctica educativa que cada vez gana más protagonismo, tanto en la escuela como en casa. Tal y como se explica en la Guía de Corresponsabilidad, “la vida familiar se estructura a partir de las actividades diarias que se desarrollan en el hogar. Una distribución equitativa y percibida como justa por todos sus miembros mejora el funcionamiento y la satisfacción dentro de la familia”.
Por eso es fundamental enseñar a los niños cómo realizar cada cometido, brindándoles tiempo para practicar y mejorar de forma progresiva. De este modo ‘entrenarán’ habilidades como el trabajo en equipo y el sentido de la responsabilidad, que, a su vez, potenciarán su autoestima. Este aprendizaje será clave para que, con el tiempo, estén preparados para asumir sus obligaciones dentro y fuera de casa.
Asigna tareas acordes con su edad y capacidades. Es crucial que tus hijos puedan llevar a cabo sin frustraciones los cometidos que les asignes, por lo que estos nunca excederán sus capacidades. Por ejemplo, pueden ordenar sus juguetes, hacer la cama o ayudar a poner la mesa. Son encargos simples que fortalecen su autonomía sin resultarles inalcanzables. Un calendario mensual de tareas puede ser una buena herramienta, donde los niños pueden marcar con una cruz o con pegatinas de colores las que vayan completando.
Recuérdales que la colaboración es cosa de todos. El mejor modo de educar en la colaboración es predicar con el ejemplo. Los niños observan continuamente lo que los padres hacemos. Si ven que ambos participamos en las tareas del hogar, lo normalizarán más fácilmente y no tendrán argumentos para protestar. Incluir a los más pequeños en ciertas obligaciones puede ser incluso una actividad divertida, como convertir en un juego el momento de poner la mesa.
No hace falta que lo hagan bien. No debemos esperar que los niños hagan las tareas de manera impecable desde el principio. Lo importante es que se esfuercen y aprendan poco a poco. Valorar su actitud, aunque el resultado no sea perfecto, es esencial para reforzar su autoestima y para que sigan queriendo colaborar.
Hacer cosas todos juntos es una excelente estrategia. Por ejemplo, preparar la cena entre varios miembros de la familia puede convertirse en un momento agradable. Aprovechad un día que tengáis más tiempo, poned música, cocinad una receta especial y dejad que los niños participen. Estaréis implicándolos en la colaboración, fomentaréis su creatividad y fortaleceréis sus habilidades para trabajar en equipo.