El cambio nos asusta a todos, nos genera incertidumbre no saber lo que pasará, nos angustia no poder controlar lo inevitable, nos causa tristeza sentir que se pierde algo… que se esfuma esa niña o ese niño, para caminar hacia su juventud. Tanto el adolescente como los padres lo “adolecen”, lo sufren. En este proceso, ambos necesitan confianza, cada parte la exige sin otorgarla plenamente al otro… pues resulta que no se da por añadidura, se trabaja y se gana tras una serie de aprendizajes, heridas y triunfos que son parte del proceso. La clave está en la coherencia y congruencia. La coherencia de una persona se refleja en su pensar, decir y actuar, y su congruencia de vida, a través de su lenguaje verbal y corporal, sentimientos y emociones. Si queremos generar confianza, debemos procurar que lo que se piensa, se dice y se hace vayan en correspondencia y en la misma dirección. El voto de confianza no es a ciegas, es el salario de tu actuar.