Cuando la familia estresa y ahoga, pensamos muchas cosas, quizá ha llegado el momento de formalizar una salida definitiva, o nos seguimos ahogando en ese vínculo de sangre de por vida.
No hay que caer en estos extremos, no es saludable ni permisible.
Cuando la familia estresa es recomendable no tomar decisiones extremas y observar todo desde la calma.
Cuando las personas no desarrollan un sentido de identidad fuerte, definido y separado a su vez del contexto familiar, su bienestar emocional está en continuo peligro.
Es necesario cortar ese cordón umbilical y manejarnos como entidades independientes asentadas en sus propios idearios, en sus valores y necesidades.
Cuando la identidad y el autoconcepto son firmes, no hay dudas, sabemos lo que está bien, lo que es permisible y lo que no.
Aún más, no solo vemos con más claridad los comportamientos tóxicos o los actos narcisistas, sino que tenemos menos reparos a la hora de poner límites: sabemos que son necesarios para mejorar la convivencia.
Entendamos, por tanto, que una familia, una buena familia, respeta y tiende la mano, no ahoga o supone un obstáculo para crecer.