Las personas con una rigidez mental característica presentan dificultades a la hora de valorar otras perspectivas o puntos de vista diferentes a los propios y rehúsan en lo posible de abrazar nuevas soluciones para escenarios que dominan o creen que podrían dominar.
Cuando hablamos de rigidez mental o cognitiva estamos haciendo referencia a la incapacidad individual que presentamos a la hora de adaptarnos a las novedades que las circunstancias nos demandan.
Es decir, hablamos de un patrón de pensamiento y comportamiento que nos lleva a actuar de una forma determinada y constante a pesar de que los resultados que obtenemos no son los deseados o requeridos.
La rigidez mental o cognitiva no es una cualidad o característica de todo o nada, es decir, cada uno de nosotros estamos situados en un punto del gradiente que va desde una flexibilidad cognitiva que nos permite ser resolutivos desde una perspectiva abierta y cambiante, hasta el otro extremo de una inflexibilidad que nos convierte en seres casi automatizados que no deja lugar a imprevistos ni novedades.
A nivel social puede llevarnos a escenarios de intolerancia, a contextos en los que no seamos capaces de empatizar con los otros, a enzarzarnos en discusiones en las que no somos capaces de aceptar otros puntos de vista... y en definitiva, a un deterioro de nuestras relaciones que no harán sino agravar las emociones de impotencia, ira y frustración que ya hemos mencionado.
Hacemos referencia al sin fin de emociones de las que etiquetamos “negativas” que estas personas se exponen a sentir en algún momento de su vida: ira, frustración, impotencia, malestar... No hay nada patológico en ellas, puesto que son las emociones que todos sentimos cuando algo no nos sale bien.
Pero si nuestro patrón de comportamiento está regido por la inflexibilidad y la falta de habilidad para cambiar nuestros pensamientos y conductas cuando estas no son resolutivas, nos estamos condenando de alguna forma a que nuestro abanico emocional siempre sea el mismo y vivamos sumidos en un episodio constante de frustración y malestar.