Para ser empático significa reconocer e identificarse con los sentimientos de los demás. No estaríamos de acuerdo con esa idea de "ponerse en la piel del otro", más que cualquier otra cosa, porque eso es completamente imposible. Lo que puedo hacer, sin embargo, es identificar el sentimiento que prevalece en el otro, más o menos aproximado, y sentir en mí cómo una sensación como esta resuena cuando he sido capaz de experimentarlo.
Para ello es necesario centrar la atención en el otro y escucharlo con todos los sentidos para percibir cómo se siente. Eso implica que, en primer lugar, no pienso en mí mismo.
Tengo que ser capaz de priorizar el otro y ponerlo por delante de mí durante unos segundos.
Entonces, necesitamos que el filtro con el que analizamos sea lo emocional y no lo mental.
Sólo a partir de los sentimientos podemos percibir realmente los sentimientos.
Una vez percibido, identifico en mi experiencia personal esa emoción.
Desde el recuerdo de ello puedo compartir con el otro un sentimiento cercano, me acerco a esa persona desde la misma emoción, lo acompaño y ofrezco mi ayuda.
La dificultad radica en un doble aspecto.
Por un lado, es este autocontrol de mí mismo conectar con mis sentimientos sin dejarme llevar por ellos.
Si soy capaz de recordar una situación vivida de rabia sin enojarme o recordar un dolor sin llorar, tengo un largo camino por recorrer para poder ayudar al otro.
Y por otro lado es el hecho de dejar de ser el protagonista durante unos segundos y centrarse en el otro desde el corazón.
No es importante lo que pensamos, o lo que tenemos que decir, sólo conectar con el otro.
Y aunque puede ser complicado, vale la pena intentarlo.