La compasión no es lástima.
La compasión es un sentimiento de altruismo hacia la adversidad del otro, lo que conlleva no solo a entender y sentir su dolor sino el impulso de brindar socorro para aliviarlo o eliminarlo.
Las personas altamente empáticas somos especialmente sensibles para percibir el sufrimiento de alguien y para brindarle compasión sin esperar recibir retribución alguna.
A los empáticos nos encanta dar cariño y sentir aprecio en nuestras relaciones personales.
Somos generosos con el afecto, lo ofrecemos a manos llenas y sin reservas.
Crecemos dando amor abiertamente a otras personas e incluso nos parece egoísta emplear el tiempo, los recursos y la energía en dedicarnos lo mismo.
Las personas altamente empáticas entendemos que las palabras tienen poder.
Ponemos sumo cuidado en no herir a los demás o hacerlos sentir tristes y procuramos que nuestro trato hacia los otros sea con simpatía y cariño.
Los empáticos siempre nos dirigirnos a otros con respeto y amabilidad, sean desconocidos o no, intentamos establecer una conexión interpersonal afable para que el otro se sienta cómodo y apreciado.
Como tenemos la potente capacidad de percibir a los demás, las personas empáticas podemos descifrar el lenguaje corporal y captar sutilezas en el lenguaje verbal de forma intuitiva.
Los empáticos podemos, haciendo uso de esta sensibilidad y sabiduría interior, comunicarnos de manera eficaz sabiendo qué decir y cómo decirlo con un alto sentido de altruismo, respeto y compasión hacia el receptor del mensaje y de su entorno.
Ser empático implica tener el modo solidaridad en piloto automático permanentemente, pues está vinculado a nuestro radar sensible para detectar los estados emocionales de las demás personas.
Esto supone que los empáticos luchamos contra las injusticias, procuramos el bien para otros de manera desinteresada y estamos prestos a brindar ayuda, aún cuando no se nos haya solicitado.
Cualquier causa que implique el bienestar para la humanidad tendrá entre sus filas a una legión de empáticos.
Para los empáticos dar sin esperar retribución alguna nos genera un sentimiento de satisfacción.
Del mismo modo, las personas altamente empáticas damos valor y reconocimiento sincero a quienes tienen empatía con nosotros.
Apreciamos cualquier gesto de bondad y simpatía, sentimos agradecimiento por quien nos haya brindado su mano y generamos códigos de lealtad hacia quienes demuestran compasión por otros y con nosotros.
Los empáticos tendemos a perdonar fácilmente, tanto que muchas veces nos olvidamos del historial negativo que ha sucedido con ciertas personas.
Las personas empáticas establecen una conexión profunda con el otro, lo que nos estimula un alto grado de generosidad y afecto, por lo que pasar por alto los errores y dar nuevas oportunidades a los demás es usual en nosotros.
Si eres feliz, soy feliz.
La felicidad del otro genera en los empáticos felicidad también.
Las personas empáticas tienen una sensación de bienestar cuando dejan de notar las emociones negativas de otros.
Si el otro es feliz, supone un descanso sensorial para el sistema sensible de los altamente empáticos.