Un pequeño cambio de actitud puede hacer que enfados y conflictos que parecían enquistados empiecen a desaparecer a una velocidad sorprendente. Incluso si lo que hay no es resentimiento sino indiferencia, es perfectamente posible volver a conectar con los más jóvenes invitándoles a que se vean involucrados en conversaciones significativas y expresiones de afecto. Apostar por el contacto físico es bueno promoverlos en las relaciones paternofiliales, siempre que sean no planificados y surjan de manera espontánea. Hay que evitar los interrogatorios, ya que no suele ser eficaz para dar pie a un diálogo fluido.
Es mucho mejor apostar por el diálogo significativo, hablando con honestidad sobre un tema por el que el o la joven puede sentir interés por opinar. La gestión de los horarios es importante, ya que muchas veces, el debilitamiento de los lazos que unen a padres e hijos viene propiciado por un mal horario.
Todas las relaciones dependen de la práctica, no de la teoría, y si no se comparte tiempo juntos, el hecho de ser “padre de” e “hijo de” cuenta más bien poco. Es necesario hacer que el horario tenga una cantidad suficiente de tiempo para hacer vida de familia. Interesarse por su mundo es fundamental, ya que entender qué aspectos de una actividad hacen que resulte estimulante puede ayudar a empatizar con ellos.
Así que, la próxima vez que hable de algo que le interesa, adopta la escucha activa y plantéate aprender de verdad. Mantener el Smartphone lejos es importante, ya que los smartphones y las tablets son distractores que causan estragos en la calidad de la interacción. Demuestra buena disposición dando los primeros pasos, aunque a veces tu orgullo u obstinación te echen para atrás, ya que este paso es indispensable y que, a fin de cuentas, no nos jugamos nada relevante en él en caso de ser rechazados.