La lealtad a la familia se manifiesta con acciones, actitudes y creencias funcionales o disfuncionales.
En las familias existen creencias, valores, principios, actitudes y códigos que son de gran valor y se espera que los miembros se comprometan a respetarlos, cumplirlos y apegarse a ellos sin cuestionarlos.
Además, que los transmitan de generación a generación.
Aceptarlos y ser partícipes de ellos confiere a la familia nuclear, extendida y multigeneracional sentido de pertenencia.
Lo importante es saber discriminar cuándo las expectativas familiares no implican quedar atrapados en una red de lealtad disfuncional que impide la autonomía, el sentido de individuación, la libertad de expresión, la toma de decisión sin buscar aprobación, y la continuidad de enfermedades emocionales y sociales.
La expectativa de la familia es que todos respondan al mismo patrón, se sometan a los requerimientos establecidos y se comporten de igual forma sin negarse ni diferir, sino, serán considerados como desleales o traidores.
Es necesario aprender a ser leal con espontaneidad y preservar el sí mismo sin sacrificar el proyecto de vida, con la autonomía necesaria.
Un ejemplo es el valor de la religión y pertenecer a una en específico; si uno de sus integrantes decide no profesarla o elegir otro credo, es considerado como desleal y abre posibilidades de conflictos.