La confianza no se refiere a un concepto vago o indeterminado, sino a un conjunto de conductas, creencias o emociones que nos hacen estar dispuestos a modificar nuestro propio comportamiento con el fin de hacer sentir mejor o beneficiar a nuestro compañero o compañera.
Si vamos al plano emocional, experimentamos una especie de sensación de paz y tranquilidad, relacionada directamente con la idea de que nuestra pareja no hará nada que nos perjudique y que cuidará de lo que para nosotros es valioso, sobre todo cuando no estemos presentes.
La confianza está íntimamente ligada a la posibilidad de experimentar amor, de sentir aprecio y de valorar al ser querido; se nutre de la empatía y de la disposición a estar pendientes de las necesidades y expectativas del otro/a.
Cuando contamos con una relación donde la confianza es fuerte, nos alegramos con los éxitos de nuestra pareja y nos ponemos mal con su tristeza o preocupación.
En una relación donde prima la confianza no hay espacio para experimentar bienestar si ello implica el perjuicio de la persona amada.
Debemos reconstruir la confianza, es ella quien nos proveerá un marco para que el afecto positivo renazca y crezca, reduciendo paulatinamente la tensión y estimulando la capacidad de responder con interés genuino a las aproximaciones e intento de conexión que nos brinden o brindemos.
Necesitamos restaurar el sentimiento básico de confianza, sino, no hay muchas posibilidades de que seamos felices en nuestras parejas.