La agamia es un nuevo modelo relacional en el que no existen responsabilidades de pareja, pero no por ello se renuncia a los vínculos emocionales.
La agamia es la elección consciente de no establecer vínculos matrimoniales o de pareja a largo plazo.
El término deriva del griego, donde -«a» significa no o sin, y «gamos» se traduce como unión íntima o matrimonio, por lo que su significado sería ese, sin relación íntima.
Eso sí, el hecho de que no desees tener una relación de pareja con nadie no significa que eludas las relaciones sexuales o incluso emocionales, sino que es una forma más de participar en relaciones íntimas y experimentar sentimientos de amor, pero sin comprometerse a largo plazo con una pareja.
Los que eligen la agamia como forma de vida, encuentran así una vía para priorizar el autoconocimiento, la independencia y la satisfacción personal, sin las responsabilidades asociadas a una relación de pareja.
Se trata de personas independientes que deciden vivir solas y no se comprometen con nadie a largo plazo, pero sin privarse de experimentar el amor.
Según sus defensores, se trata de vivir con un mayor grado de libertad para buscar más honestidad en sus relaciones sin tener en cuenta el orden actual de la sociedad que favorece la vida en pareja.
La agamia, si bien ofrece una opción de vida válida y satisfactoria para muchos individuos, también plantea desafíos y preocupaciones sobre su impacto en el futuro demográfico y las relaciones interpersonales en el país.
La proliferación de otros modelos relacionales, como la agamia, en los que la creación de una familia no es una prioridad, el nacimiento de nuevos bebés decrece, por lo que la población es cada vez más vieja, y esto puede suponer un problema a largo plazo.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística de agosto de 2023, en España nacen cada día menos de 900 bebés, la cifra más baja desde que hay datos.
De hecho, la tasa de fecundidad es de 1,3 hijos por mujer, un punto menos que la media mundial, que es de 2,3.
Los únicos países que nos superan son Corea del Sur, China o Malta.
El resultado es que, en España sólo un 3,9% de la población tiene menos de cinco años, el segundo país en la cola de la Unión Europea.
Y eso es un gran problema para la economía.
Con estos datos en la mano, España se encamina a ser el país más envejecido del mundo a partir de 2040.
Si sumamos que cada vez hay menos nacimientos, pero la esperanza de vida no para de subir, lo que ocurrirá en un futuro cercano es un problema económico de gran envergadura.
Según el Centro Internacional sobre el Envejecimiento, para 2050 habrá un 30% de personas que tendrán más de 65 años en España, lo que suponen seis jubilados por cada diez trabajadores en activo.
O mucho cambian las cosas, o el modelo actual de pensiones peligra.
La baja natalidad también puede explicarse debido al retraso de la maternidad por la imposibilidad de encontrar una estabilidad laboral, la falta de políticas de conciliación, el desempleo, la inseguridad económica, el incremento del coste de la vida y la pérdida de poder adquisitivo.
El caso es que el futuro ya no está tan asegurado como hasta ahora.