Desgraciadamente, esto no ocurre siempre, y a veces los niños que son adoptados, después de pasar mucho tiempo en centros donde no son atendidos de forma adecuada, o pasar de una familia a otra sin poder crear vínculos sanos y duraderos, o sufrir maltrato por parte de las familias adoptantes, no pueden desarrollar mecanismos adaptativos de regulación emocional y conductual a nivel neurobiológico.
Si esta sincronización no se da de un modo adecuado, se verán afectados diferentes órganos cerebrales que son fundamentales para la regulación de las emociones, los pensamientos, las conductas, la ansiedad, el control de impulsos, y que incluso pueden ser responsables de enfermedades somáticas.
Se han hecho múltiples estudios con resonancia magnética, encefalogramas cuantitativos, tomografía por emisión de positrones y otras técnicas no invasivas, en niños que han sido institucionalizados, y se han observado variaciones de tamaño y funcionalidad en diferentes áreas cerebrales.
Córtex frontal: es el regulador del control de los impulsos y de la planificación por excelencia.
Si este se ve afectado la persona no puede tener el control de su rabia e impulsividad o será extremadamente rígido y obsesivo.
Amígdala: Se ha visto que en niños que han sufrido deprivación sensorial en la infancia, este órgano es de mayor tamaño que en niños criados con afecto y cuidados, lo que indica que serán más irritables y agresivos o excesivamente retraídos.
Hipocampo: Regula la memoria a corto y largo plazo.
Las personas con fallas en la regulación emocional en los primeros años de vida, tienen el hipocampo de menor tamaño que la media, y este será excesivamente sensible a los niveles elevados de cortisol.
Ínsula: Este órgano regula las sensaciones interoceptivas.
En las personas que han sufrido trauma en su desarrollo puede encontrarse hiperactivada o hipoactivada.
Cuerpo calloso: Son las fibras que unen los dos hemisferios cerebrales.
Teicher, un investigador que ha estudiado el cerebro de niños institucionalizados, demostró que estos tienen menos fibras en el cuerpo calloso, y que por tanto tenían problemas en la comunicación interhemisférica.
También se han visto anomalías en el funcionamiento del sistema hormonal: Oxitocina y Vasopresina: Estas hormonas son responsables de la conexión emocional y se ha visto que niños que han sufrido carencias en la infancia, tienen niveles inferiores de lo esperado de estas hormonas.
Cortisol: Estos niños, tienen niveles más altos de los esperados y son más sensibles a su presencia en el torrente sanguíneo.
A nivel del sistema nervioso autónomo, este está compuesto por dos ramas: una simpática, que es activadora, y otra parasimpática, que es inhibidora.
Estos niños, debido al estrés sufrido en los primeros años de vida, quedan prisioneros de la hiperactivación de una de estas dos ramas: Rama simpática, están en un estado de lucha/huida o alerta constante.
Rama parasimpática: están en un estado de calma tensa constante o de estado disociativo, que les impide poder realizar tareas básicas de una manera adecuada.
Las personas que han visto comprometido el desarrollo adecuado de su sistema nervioso pueden sufrir dos formas extremas de regulación: Hiperactivación del sistema de conexión.
Estando sometidos siempre a altibajos emocionales y necesitados de personas cercanas para poder regularse, aunque paradójicamente estas mismas personas les desregulan más.
Hipoactivación del sistema de conexión.
Destierran cualquier tipo de emoción, siendo incapaces de empatizar o conectar a nivel emocional con otros seres humanos.