Lamentablemente, en la consulta uno se encuentra muchas veces con parejas que han tomado un rol de críticos permanentes o sabelotodos que se preocupan recurrentemente de hacerle ver al otro sus errores, lo que podría haber hecho mejor, o le lanzan críticas despiadadas, evaluaciones negativas y muestras de desconfianza en su comportamiento y en sus capacidades. Y con este tipo de actitudes la pareja se va resintiendo. Normalmente la cualidad de la interacción cambia, y se torna desagradable, hiriente, y no es raro que se caigan en descalificaciones mutuas, lo que disminuye también la posibilidad de mantener interacciones afectuosas. Si crees que a veces caes en este patrón de crítica constante con tu pareja, te aviso que puedes estar pisando un terreno peligroso, en el sentido de que es poco probable que alguien se quiera mantener a tu lado si no se siente aceptado, valorado o querido. Esto no quiere decir que uno no tenga derecho a tener una opinión favorable o desfavorable sobre determinados comportamientos o aspectos de la personalidad de nuestra pareja, pero es importante fijarse en la forma en que damos feedback, así como en la cantidad e intensidad de nuestras críticas constructivas. El peligro de mantener este patrón de críticas, es que cuando uno se siente desvalorado, resulta muy fácil encontrar ese afecto en otros que siguen viendo en uno el valor que uno considera que tiene, y que pareciera que nuestra pareja esta pasando por alto. Hay que entender que el amor adulto no es un amor incondicional como algunos quisieran creer. Si no nos preocupamos de cuidar a nuestra pareja, de ser amables, de coquetear, dedicarnos tiempo, intentar hacer la vida del otro un poco más fácil -o al menos un poco más amable- es poco probable que ese sentimiento, así como esa relación, perduren.