Tiene que ver con un sentimiento de lealtad que se tiene a anteriores generaciones, que te deja atado, viéndote obligado a hacer o dejar de hacer ciertas cosas por no ser desleal y no enfrentarte al sentimiento de culpa que ello te generaría. Ocultan el decírselo para no ser desleales a esa tradición familiar. Otra pareja que tiene que enfrentarse a malas caras, comentarios indirectos, chantajes, etc., de los padres de alguno de ellos, porque han decidido no ir a comer todos los días con ellos, cosa que siempre se había hecho así. O también la dificultad de alguien para expresar realmente lo que siente en un entorno familiar donde nunca se habla de sentimientos, y además se piensa que debe ser así, ya que el que lo hace es débil. Hay que ver cada caso, de hecho estoy pensando en alguien que, tras haber tomado esa decisión por lealtad, le llevó a una depresión acompañada de una amplia sintomatología psicosomática que hizo que no pudiera dar la atención adecuada a su padre. Pero es que en nuestra familia nunca a nadie se le dejó tirado en una residencia. El peso de la tradición familiar fue tal, que sin que nadie le impusiese que estudiara magisterio, lo hizo igualmente. Conversando con detenimiento, se pudo ver en él que ese no era su verdadero deseo pero que algo le impulsó a hacerlo como si fuera lo que tenía que hacer. ¿Una lealtad invisible? Hay lealtades más duras, son aquellas que parten del compromiso de no desvelar un secreto.