Los abuelos tóxicos pueden desacreditar a los padres instando a desobedecerles, lo que confunde al menor.
También se pueden apropiar de la crianza tomando decisiones o acciones sin contar con los progenitores a través de la manipulación y la culpa, lo que puede crear roces familiares.
Se trata de personas poco empáticas, porque asumen un papel protagonista en las relaciones que no es real, menosprecian las ideas de otros o se apropian de responsabilidades que no les competen.
Estos abuelos, según explica José, suelen realizar cosas que se les ha indicado expresamente que no hagan, por ejemplo, dar de comer al niño, así como también enfrentar a los miembros de la pareja implicados en la educación del niño o restar autoridad a los padres.
Cuando alguien provoca emociones negativas en su entorno tiene una actitud tóxica.
Un buen abuelo es el que cuida desde el amor y pone por encima de todo el bienestar y la felicidad de su nieto y no a sí mismo.
Sabe respetar las normas educativas elegidas por sus hijos y evita la intromisión en la pareja para ofrecerles su ayuda para lo que necesiten.