La lealtad ciega o invisible se define como aquella lealtad que de manera consciente o inconsciente mantenemos hacia un ancestro o familiar, que nos impulsa a seguir los mismos patrones de conducta de un modo automático y sobre el que no tenemos ningún control.
Y es que, en definitiva, y de uno modo espontaneo, por la lógica de no querer ser repudiado/a por nuestro núcleo familiar, además de por temor a perder su amor o su atención aceptamos ‘ciertas condiciones’.
La lealtad invisible, de algún modo, nos vincula a una especie de ‘contratos emocionales’ que se establecen entre los miembros de la familia, y que terminan siendo un ‘paquete’ de expectativas que nos condicionan y que en la mayoría de las ocasiones resulta ‘venenoso’ para nuestra realización como personas y nuestro planteamiento vital.
Es por eso que cuando vemos afectada nuestra salud emocional o psicológica, es muy probable que el origen se encuentre (aunque no sea la única causa) en esquemas disfuncionales aprendidos desde la infancia en nuestro contexto familiar.
Por decirlo de otro modo, somos perpetuadores/as de las carencias de nuestro núcleo, de las creencias y de las expectativas que se nos transmiten.
Esto es algo habitual, pero la buena noticia es que tras ‘descubrirlo’, podemos comenzar a cambiarlo y abrir camino a nuestra realización plena, a nuestra libertad y por lo tanto a nuestra felicidad.