El antídoto para combatir la indiferencia es un sentimiento de interés y apreciación sincera por la otra persona o por la situación en cuestión. Prestarle importancia a la cosas que valen la pena. No necesitas ser un político, tener mucho dinero, o estar en un cargo público para poder cambiar tu entorno. Sólo necesitas hacer lo que está en tus manos para mejorar la situación y apoyar donde tus talentos, virtudes y habilidades puedan dar fruto. Dale a cada persona el mismo interés y aprecio que te gustaría recibir. Acciones tan simples como sonreírle a los demás, preguntarles cómo se encuentran, darles una muestra de cariño, recordarles cuánto los estimas y hacerles saber las cosas buenas que aprecias de su persona hacen una gran diferencia. Ayudando a otro, te ayudas a ti. Haciendo sonreír a otro, sonríes tú. Ocupándote de otros, tu problemas pierden importancia. Cuando das, no restas… ¡sumas y multiplicas! No seas indiferente cuando puedes ser el cambio que quieres ver en el mundo. Abre tus ojos y vive la alegría de dar, de ayudar, y de serle útil a la sociedad.