Para combatir la indiferencia se necesita utilizar su propio antídoto.
Actuar con lo opuesto.
Accionar su antónimo.
No necesitas ser un político, tener mucho dinero, o estar en un cargo público para poder cambiar tu entorno.
Sólo necesitas hacer lo que está en tus manos para mejorar la situación y apoyar donde tus talentos, virtudes y habilidades puedan dar fruto.
Dale a cada persona el mismo interés y aprecio que te gustaría recibir.
No importa si no los conoces.
También son personas.
En el momento que nos salimos de nuestra propia burbuja para ver cómo podemos serle útil a la sociedad es cuando descubrimos de lo que realmente estamos hechos y el gran impacto que podemos lograr cuando dejamos de sólo ver por nosotros mismos.
Acciones tan simples como sonreírle a los demás, preguntarles cómo se encuentran, darles una muestra de cariño, recordarles cuánto los estimas y hacerles saber las cosas buenas que aprecias de su persona hacen una gran diferencia.
Ayudando a otro, te ayudas a ti.
Haciendo sonreír a otro, sonríes tú.
Ocupándote de otros, tu problemas pierden importancia.
Cuando das, no restas… ¡sumas y multiplicas!
No seas indiferente cuando puedes ser el cambio que quieres ver en el mundo.
No vivas cegado por la indiferencia.
Abre tus ojos y vive la alegría de dar, de ayudar, y de serle útil a la sociedad.
Siempre habrán personas que necesiten de ti, de tus manos, de tu voz, Y de tu entusiasmo.
¡Estás vivo, hazte notar, y dale un sentido trascendental a tu existencia!