Para practicar la lealtad, es clave ser selectivo al elegir a las personas que harán parte de la organización, fijándose en aptitudes y cualidades más allá de la experiencia académica y laboral.
Se puede identificar la lealtad al entrevistar a una persona y preguntarle qué lo ha llevado a permanecer o abandonar un trabajo.
La empresa debe esforzarse por el bienestar de los empleados, demostrando que el talento humano es una prioridad.
Se debe acompañar a los empleados en sus procesos, preguntarles cómo se sienten, y ofrecerles opciones y herramientas para que logren hacer mejor su trabajo.
Deben dárseles oportunidades para crecer, asumir retos diferentes y rotar entre distintas áreas cuando lo necesiten.
Es importante dejar que los empleados tomen decisiones, tendrán una sensación de libertad, control y autonomía.
Ofrecer una remuneración justa y atractiva, acorde al mercado laboral, y beneficios laborales que se adapten a sus necesidades y expectativas.
Propiciar un buen ambiente laboral con jefes y superiores sencillos, empáticos y respetuosos, y ofrecer apoyo ante cualquier dificultad.
Se debe hablar claro y cercano con los empleados, hacerles saber qué se espera de ellos y ofrecer retroalimentación personalizada y constante.
Reconocer a los empleados es fundamental, pueden ser reconocimientos materiales o simplemente darles las gracias públicamente o en privado.