Empieza por hacer ajustes en casa para eliminar aquellas barreras físicas y comunicativas que impidan la movilidad y la interacción del niño o niña con discapacidad o que pongan en riesgo su integridad física. Muchas veces los derechos de los niños y niñas con discapacidad se vulneran porque las madres y los padres tienen poca seguridad en las habilidades de sus hijos e hijas, impidiéndoles hacer por sí mismos cosas que sus capacidades, en efecto, lo permiten. “La sobreprotección limita a los niños, les impide superar sus debilidades y desarrollar sus habilidades”. Es importante que empieces a descubrir hasta qué punto tu hijo requiere de tu apoyo y a partir de qué momento puedes permitir que se valga por sí mismo procurando siempre estimular su aprendizaje. Evita los tratos especiales o diferenciales. No obstante, algunos padres y madres caen en el error de no fijar límites y normas debido a la discapacidad, generando un trato desigual respecto a sus hermanos, primos o amigos que los hacen sentir y ver como “diferentes”. Aunque los niños y niñas con discapacidad tienen un ritmo de aprendizaje distinto, en casa las normas deben ser iguales para todos. Los niños, niñas y adolescentes con discapacidad tienen derecho a participar y a tomar sus propias decisiones. Para lograrlo, es esencial aprender a comunicarse con los niños, niñas y adolescentes de formas que vayan más allá de lo verbal y aprender a interpretar su voluntad fomentando en ellos la capacidad de elegir, es decir, tener en cuenta sus intereses, preferencias, gustos y deseos.