La timidez excesiva, la baja autoestima y el miedo a las situaciones sociales pueden ser fuertes indicadores de este problema social. Normalmente a estos niños les cuesta manejar situaciones a las que no están acostumbrados en su día a día, se muestran inseguros de ellos mismos en las cosas que realizan y rehúyen el contacto con personas fuera de su círculo más próximo. Suelen mostrar una gran falta de empatía hacia los demás, tienen problemas de cooperación y trabajo en equipo, así como problemas de autocontrol y de comunicación con otras personas. Un niño con falta de habilidades sociales puede llevar a cabo conductas agresivas a sus amigos si pierde en un juego o, incluso, llegar a hacer trampa y no seguir las normas. Dificultad para expresar sentimientos y opiniones: las personas que no tienen unas buenas capacidades sociales tendrán dificultades para poder expresar lo que sienten y lo que opinan, por tanto, les costará comunicarse correctamente con las personas de su entorno pudiendo llegar a padecer frustración o incluso depresión. Problemas escolares: debido a la inadaptación social que poseen estos niños, es habitual que también tengan problemas con los estudios, pudiendo provocar el fracaso escolar (o profesional ya en la edad adulta). Impedimentos para relacionarse con los demás: los niños pueden tener problemas para hacer amigos y relacionarse con otras personas, por lo que les puede resultar difícil establecer vínculos y relaciones emocionales con gente de su entorno. Trastorno psicológico grave: hay niños que pueden llegar a desarrollar incluso algún trastorno psicológico grave en la edad adulta que les ocasione problemas en el ámbito laboral, social o de relaciones de pareja.