La timidez se aprende.
Una timidez extrema puede ser una manifestación clara de una falta de seguridad y autoestima en el niño.
Aunque no se descarta que influyan factores genéticos que puedan “predisponer” hacia la timidez, es cierto que los factores emocionales y ambientales tienen un gran peso que hacen pensar que no se nace siendo tímido, sino que se “aprende” tanto por experiencia propia como por presenciar conductas y formas de comportamiento de otros.
Si se le suele castigar con mucha frecuencia, desvalorizar o ridiculizar a menudo, sobre todo comparándolo con otros niños, o si se le impide mostrar sus emociones y expresarse adecuadamente, es fácil comprender que la timidez le servirá de protección, como un escudo defensivo que le permitirá no enfrentarse a esas situaciones donde dudará de su capacidad y habilidades para poder salir airoso de las mismas.
Averiguar el origen de la timidez en el niño para tratarla con mayor eficacia.
Las causas pueden ser múltiples: genéticas, ambientales, emocionales, de aprendizaje…
El niño tímido no lo es por capricho o mala educación.
Detrás suele haber sufrimiento emocional y sentimientos de ser diferente.