Cuando hablamos de frustración laboral, nos referimos al sentimiento de sentirse vacío, de sentir que el trabajo que uno lleva a cabo no tiene propósito. La persona permanece en su zona de confort, no se quiere mover ni crecer, no siente motivación en lo que hace o sólo piensa en el dinero. No querer salir de casa para ir a trabajar, acaba la semana laboral con agotamiento y mucho estrés y sigue irritable durante el fin de semana. Una de las causas de esta frustración es el desconocimiento sobre quiénes son y qué están buscando más allá del dinero. Pueden haber innumerables causas, pero las más frecuentes son: La figura del jefe tóxico, aquel que no ayuda a crecer, es negativo, comete maltrato verbal o emocional, se adueña de ideas, aplica el favoritismo y critica todo sin motivos. También hay detonantes como la falta de congruencia entre la persona y lo que está haciendo. Es cuando abiertamente la persona te dice ‘ya no quiero hacer eso’. Muchas veces, esto tiene que ver con que ha elegido una carrera por su prestigio o porque cree que era la indicada y una vez que está en este ámbito laboral concreto, se da cuenta de que no es lo suyo.