Las crisis personales o crisis vitales tienen que ver con todos aquellos momentos de cambio o transición personal que cuesta trabajo afrontar y que frecuentemente sentimos que nos desbordan o no somos capaces de resolver. Producen malestar en la medida en que no se es capaz de darles solución, pero sin embargo, desde un punto de vista positivo, son un auténtico motor de cambio dado que forman parte de la vida. Cuando detrás de un cambio o acontecimiento nos quedamos atascados es cuando nos encontramos con una crisis personal o crisis vital. Por un lado se encuentran las crisis personales o crisis vitales evolutivas, resultado de la propia evolución personal, en donde abandonamos una etapa y nos enfrentamos a otra, con todo lo bueno y malo que conlleva para nosotros. Por otro lado, están las crisis producidas por acontecimientos inesperados, tales como la pérdida de un ser querido, una separación, un despido, traslados, enfermedad, un embarazo no esperado, etc. En general, dependiendo de como se afronten, tendremos problemas adaptativos que podrían necesitar de ayuda psicológica externa. Las crisis vitales personales o vitales son auténticos motores de cambio, aunque en el momento en que se viven exista sufrimiento y desesperanza. Ver la vida como un flujo natural de acontecimientos, con subidas y bajadas, no es habitual en la medida en que se nos ha enseñado desde siempre que lo natural es estar siempre bien, obviando los baches y malos momentos. El malestar, el miedo, la desesperanza, forman parte de la existencia, principalmente tras acontecimientos o momentos vitales relevantes, y hay que dejar que sigan su curso, que den lugar a la fortaleza necesaria para seguir adelante. Como decía Bert Hellinger, siempre ‘cuando una puerta se cierra, otra se abre’.