Es necesario pensar en la identidad de uno y lo que se pierde, para poder despedirse y buscar nuevos sentidos y significados a la vida sin trabajar.
Uno puede ir preguntándose: ¿Cuáles son mis aptitudes?, ¿qué me gusta hacer?
Es momento de cuidar la autoestima, la imagen de uno mismo independientemente del trabajo que uno ha desempeñado.
Más preguntas preparatorias pueden ser: ¿Por qué elijo jubilarme?, ¿cuáles son mis expectativas puestas en la jubilación?, ¿qué vulnerabilidades personales podrían verse exacerbados cuando me jubile?
Dedica todo el tiempo que haga falta en descubrir qué pasiones tienes, qué intereses, qué te hace feliz… ya que cuando dejas de trabajar y te jubilas, tendrás mucho tiempo para poder hacer todo ello.
TOMAR CONTACTO CON DESEOS Y NECESIDADES, quienes a lo largo de su vida hayan estado en contacto con sus deseos y necesidades de una manera cercana, esta etapa va a poder disfrutarla, ya que ahora tienen todo el tiempo del mundo para planificar actividades satisfactorias y fomentar nuevos intereses y actividades.
REFLEXIONAR ACERCA DEL ESTILO DE VIDA QUE UNO VA A QUERER LLEVAR: alimentación, el sueño, el ejercicio físico, relaciones sociales y familiares.
Le ayudó entender que estaba en un proceso de duelo y que era normal todo lo que estaba sintiendo.
Veía más cosas negativas de la jubilación que positivas: se habían acrecentado sus temores a tener una enfermedad o algún ser querido, también temía a la muerte, le estaba costando trabajo aceptar el paso del tiempo y encontrar quién era ella ahora que no estaba trabajando.
Habrá que ir respondiendo a preguntas como: ¿Quién soy yo ahora?, ¿cuáles son mis propósitos en la vida?, ¿qué me sigue dando valor?