El duelo en personas mayores es mucho más que la forma de afrontar la pérdida de un ser querido. Representa un espectro emocional amplio y complejo, que va más allá. La realidad del duelo engloba una variedad de experiencias de pérdida que afectan significativamente a la persona. Esto, especialmente durante la vejez, va más allá del ámbito de la muerte. En esta etapa de la vida, las personas a menudo se enfrentan a cambios radicales que pueden desencadenar procesos de duelo igualmente intensos. Éstos pueden englobar la pérdida de autonomía, el deterioro de la salud, la transformación de roles sociales y la modificación de las expectativas que se tenían sobre la vida. Cada una de estas pérdidas marca un antes y un después en la vida de quienes las experimentan. Imponen un desafío a la hora de adaptarse a una nueva realidad donde lo familiar ya no está presente o ha cambiado. El duelo es un proceso emocional y psicológico complejo que se desencadena como respuesta a la experiencia de una pérdida significativa en la vida de un individuo. Ayuda al ser humano desarrolla a enfrentar, procesar y sanar de la herida emocional provocada por dicha pérdida. Implica la reconfiguración de la existencia del individuo en ausencia de lo perdido, permitiéndole integrar esta nueva realidad en su vida de una manera saludable y constructiva. Esta pérdida puede trascender la muerte de un ser querido, extendiéndose a cualquier cambio sustancial que altere la realidad y las necesidades cotidianas de la persona, como la pérdida de autonomía, un cambio de entorno, la finalización de una etapa de vida, o incluso el declive de la salud física o mental. Entre estas se encuentra la pérdida de autonomía, un cambio que puede impactar la independencia y la capacidad de autogestión, desencadenando un proceso de duelo por la vida independiente que se tenía. Igualmente, el deterioro de la salud puede marcar un antes y un después en la percepción personal y en la capacidad de interactuar con el mundo, requiriendo un ajuste emocional significativo. Los roles sociales, como la transición hacia la jubilación o el cambio de dinámicas familiares, implican una redefinición de la identidad y del lugar en la sociedad. Asimismo, el enfrentamiento con realidades no cumplidas y la modificación de expectativas de vida invitan a un proceso introspectivo de reconciliación con el propio curso vital.