Si bien se reconocen beneficios físicos, emocionales y psicológicos al participar en actividades sexuales en solitario o en pareja, esto no significa que haya consecuencias negativas asociadas con no ser sexualmente activo.
El cuerpo pasa por un proceso conocido como “descondicionamiento” cuando no está activo sexualmente.
Este proceso se refiere a los cambios que ocurren en la respuesta fisiológica y psicológica del cuerpo y la mente ante la ausencia de estímulos sexuales que antes eran habituales.
Del mismo modo que podemos experimentar una disminución de la confianza, tensión muscular y un desacondicionamiento general por no hacer ejercicio, las personas que no han mantenido relaciones sexuales, o que dejan de hacerlo durante periodos prolongados, pueden experimentar un desacondicionamiento a las actividades sexuales y descubrir que tienen tensión o dolor muscular, dificultades en el control eyaculatorio y una pérdida de confianza en la actividad sexual.
Dejar de tener relaciones sexuales puede significar una reducción de la excitabilidad, ya que con el tiempo, el cuerpo puede volverse menos sensible a los estímulos sexuales debido a la falta de actividad sexual.
La actividad sexual también afecta los niveles de ciertas hormonas, como la testosterona, la dopamina y la oxitocina.
La falta de sexo puede llevar a una disminución de estas hormonas, lo que puede afectar el deseo sexual y el bienestar general.
En mujeres, puede afectar la lubricación y la elasticidad vaginal.
Pero no se preocupe, esto no significa que vaya a estar menos preparado para tener relaciones sexuales, y por sobre todo, estos cambios biológicos no son a largo plazo.
No hay ninguna investigación o evidencia sustancial que concluya que existen impactos negativos en la salud de alguien que decide no tener relaciones sexuales o dejar de tenerlas.
Las personas también pueden experimentar cambios en sus niveles de estrés y en su estado de ánimo.
La reducción de los beneficios emocionales del sexo, como la liberación de endorfinas y oxitocina, puede llevar a una necesidad de encontrar otras fuentes de bienestar emocional.
Las personas pueden llenar el tiempo y el espacio emocional que ocupaba la actividad sexual con otras actividades, como hobbies, ejercicio físico o actividades sociales.
La relación con la intimidad física puede cambiar, y las personas pueden buscar otras formas de conexión y cercanía emocional, como el afecto físico no sexual o la comunicación profunda.
El descondicionamiento es un proceso natural de adaptación del cuerpo y la mente a nuevas circunstancias.
Es importante reconocer que cada individuo experimenta este proceso de manera diferente, y las reacciones pueden variar ampliamente.
También es fundamental entender que el bienestar sexual y emocional puede mantenerse y promoverse a través de diversas formas de autocuidado y conexión emocional, independientemente de la actividad sexual.