A este fenómeno se le llama tolerancia. La tolerancia y la dependencia derivan de cambio biológicos en el cerebro. En la tolerancia metabólica, el cuerpo (principalmente el hígado) se adapta a una droga desarrollando una capacidad creciente para destruirla, de forma que una dosis que era efectiva inicialmente cada vez lo es menos. La tolerancia celular se deriva de cambios fundamentales en el cerebro mismo. Las neuronas se adaptan a la droga, volviéndose menos sensibles con una exposición continuada. Incluso en el momento en que la primera dosis desaparece, repetir esta dosis producirá un efecto ligeramente inferior al anterior, y la dosificación habrá de ser aumentada para obtener de nuevo la intensidad original de la droga. La tolerancia hace la vida difícil, especialmente para los consumidores de heroína y cocaína porque, conforme incrementan la dosis, el gasto económico para obtener la droga es cada vez más difícil de sostener. La tolerancia es importante a causa de los problemas que le crea al adicto, pero desde el punto de vista de la biología no es fundamental; no es la causa de la adicción sino una consecuencia de la adicción.