Pueden ser solicitados para pacientes en crisis, con enfermedades terminales o que sufran algún tipo de discapacidad.
El rol fundamental del acompañante terapéutico es escuchar, acompañar y ayudar al paciente a recuperar o lograr la autonomía atendiendo las dificultades por las que pueda atravesar.
Puede colaborar en el mantenimiento o restablecimiento de los vínculos en su entorno familiar, laboral, ayudándolo a atravesar las situaciones conflictivas a lo largo de su vida cotidiana.
En particular las 8 funciones que puede desempeñar un acompañante terapéutico son:
Ayudar a la contención de la persona en crisis y de su familia frente a situaciones críticas o emergencias.
Colaborar para la autonomía y recuperación de la confianza en sí mismos de los pacientes en el proceso de acompañamiento terapéutico.
Ofrecer atención permanente y un seguimiento personalizado de la evolución de la persona.
Promoción de la reinserción laboral, educativa y recreativa de los pacientes.
Acompañar el sostenimiento del vínculo familiar y social en función del tratamiento terapéutico.
Promover la detección temprana de síntomas ante una posible recaída, disminuyendo los riesgos brindando contención previa.
Colaborar reduciendo costos en los tratamientos, ofreciendo alternativas a la codificación y a la internación institucional frecuente.
Propiciar la calidad y estilo de vida, reduciendo factores de riesgo y potenciando factores protectores.
El acompañante terapéutico será la persona encargada de acompañar precisamente al paciente a los lugares o ámbitos donde desarrolle sus actividades, como por ejemplo asistir a talleres de arte, ir al cine, a una biblioteca, la plaza e incluso a su trabajo habitual.
El AT realiza su labor en el marco de un tratamiento multi e interdisciplinario; es decir, es parte de un equipo del que formarán parte psicólogos, médicos, fisioterapeutas, entre otros.
Sus funciones se adecuarán a las necesidades que determinen estos profesionales para favorecer la calidad de vida del paciente.