Cuando se integran los seres queridos en la sanación, el proceso es más rápido, pues se mejora la parte emocional.
Hay que buscar actividades que permitan establecer vínculos con otras personas.
Nadie más que un terapeuta te escucha más allá de las palabras y te pregunta con verdadero interés sobre lo que viviste.
Puede determinar el origen del problema, conoce los efectos que se produjeron en tu cerebro, te ayuda a recuperar el equilibrio emocional y físico y te facilita el proceso de sanación.
Los seres humanos tenemos la capacidad de salir adelante.
Tenemos resiliencia: superamos pruebas, usamos la creatividad para resolver problemas, y nos ponemos nuevas metas para mantenernos vivos.
Por eso, sugiere desarrollar acciones como: ponte pequeñas metas a corto plazo para motivarte;
rodéate de personas positivas;
emplea el humor para quitarle peso a las situaciones difíciles;
medita para disminuir el estrés, la depresión y la ansiedad;
practica yoga para relajarte y aumentar tu concentración;
y busca tareas creativas, como pintar, cantar o tejer.
Con una dosis de voluntad y consciencia, los rituales pueden darte seguridad y claridad mental, y ayudarte a perdonar.
Para despedirte de un ser querido, por ejemplo, recoge algunas de sus fotos, prende una vela, reflexiona sobre sus buenos momentos y dale permiso de irse.
O en el caso de un divorcio, vende la cama, cambia la distribución de tu cuarto, quita los recuerdos de tu pareja y pon lavanda en los rincones.